Niño Juagando

La importancia del juego

El juego es la forma por excelencia de aprendizaje de un niño. Nosotros, los adultos, debemos proporcionarles un medio contextual y materialmente rico y seguro,

donde se potencie al máximo este aprendizaje en todas sus áreas de desarrollo, estimule su creatividad y fomente su inteligencia.

En primer lugar, si hablamos de juego, debemos plantearnos como padres, si JUGAR es un privilegio o un derecho de todos los niños, y como tal, así hemos de otorgarle la importancia que requiere, para tenerlo en cuenta a la hora de organizar el tiempo de los días, y sobre todo de las tardes, de nuestros hijos, sin supeditarlo al resto de actividades y obligaciones de las tardes de los niños, y mucho menos a nuestros estados emocionales o físicos.

Pero, no nos anticipemos en nuestras conclusiones…, hablemos, en este inicio, sobre la importancia del juego en el desarrollo de nuestros hijos, reflexión que encuentro fundamental antes de hablar de aspectos prácticos de la vida diaria.

Casi todos hemos podido observar en la naturaleza, o ver en la televisión, como muchas especies animales juegan en su infancia, ya que el juego es una actividad natural, NO exclusiva del ser humano, ni excluyente de otros seres vivos. El juego aparece en casi todas sus formas, en la mayoría de especies animales, y sobre todo mamíferos durante su infancia, y es común a todos los niños sean cual sean sus capacidades o limitaciones.

Confío en que todos coincidiremos, al hablar de juego, que dicha actividad no debe ser confundida como un espacio o tiempo de relleno de las tardes, y mero momento de expansión y desconexión lúdica de nuestros hijos, sino que se trata del método natural de aprendizaje de un niño junto a la imitación, la experimentación y la manipulación, y una herramienta fundamental para la valoración, rehabilitación y terapia de niños en el desempeño de nuestro trabajo, desde campos como la docencia, pedagogía, psicología, psicopedagogía, logopedia, pediatría…

El juego en la infancia, es la forma de explorar, manipular, experimentar, expresar emociones, pensamientos, problemas, dificultades, preocupaciones, estrés, ansiedad, gustos y preferencias, es la manera que tiene un niño de organizar y comprender todo aquello que le rodea, y sobre todo aprender como funciona el mundo de los adultos. Por lo que no solo es indispensable para el desarrollo de áreas madurativas personales de un niño a nivel motor, intelectual, comunicativo y perceptivo, sino que también es fundamental a la hora de potenciar y estimular todas aquellas capacidades, que tienen que ver con las relaciones sociales, y sus aspectos afectivos, emocionales y comunicativos, ya que ayuda al niño a desarrollar ciertas habilidades sociales básicas para estas relaciones e interacciones, y a respetar normas para cumplir unos objetivos individuales o comunes, que le serán de gran ayuda en un futuro para los numerosos intercambios e iniciativas sociales que vivirá, y para los que debe estar preparado nuestro futuro adulto, ahora todavía niño.

En ocasiones, he observado, que al hablar de juego, caemos en el error de pensar que jugar es sinónimo de deporte, pero es importante saber que existen diferencias muy claras entre jugar y hacer deporte. A diferencia del juego, el deporte implica competición, ya sea con respecto a ti mismo, o con los demás, en el deporte imperan las reglas, y se manejan siempre unas normas concretas e institucionalizadas, mientras que en el juego no tienen porque aparecer. Y, no puedo terminar en este sentido, sin advertir a todos los padres y educadores, sobre el riesgo que conlleva a la hora de estimular adecuadamente todas las áreas de desarrollo de nuestros hijos, realizar sesgos, guiados por ideas preconcebidas, en la elección de juguetes y materiales de juego para nuestros hijos, basándonos en si nuestros hijos han nacido niños o niñas. La elección de éstos, en ningún caso debe verse vinculada al sexo de nuestros pequeños, sino a sus gustos, preferencias, necesidades, y motivaciones.

Podríamos concluir entonces, que JUEGO, es o debería ser la acción y el verbo protagonista de la infancia, y que hablar de JUEGO en la infancia es evocar, entre otros muchos, cinco términos básicos y fundamentales, como son, INFANCIA,

EDUCACIÓN, DESARROLLO, DIVERSIÓN y CREATIVIDAD. Siendo siempre sinónimo de recreo, alborozo, esparcimiento, descubrimiento, conocimiento y aprendizaje. El juego es una actividad libre, creativa, espontanea, voluntaria, incierta, original y de carácter universal. No sólo supone, pues, diversión, sino que fundamentalmente, y como ya hemos visto repetidas veces durante el escrito, es su principal método de aprendizaje, de fomentar su creatividad, y la mejor forma de ensayar a nivel social para poder enfrentarse a futuras situaciones que se darán a lo largo de su vida. Para ello será básico, un aspecto significativo del juego humano, como es su intervención en la función simbólica del juego libre, o lo que es lo mismo, la capacidad de hacer servir símbolos y signos para crear contextos y anticipar situaciones.

Si tenemos en cuenta que el juego creativo es el experimental y libre, y no el dirigido y guiado constantemente; que tal y como hemos visto, no es un deporte; y que desde su base se le confiere carácter de derecho fundamental del niño, ya que, como también venimos desarrollando es su medio, recurso y método natural de aprendizaje junto con la imitación, NO podemos continuar contemplándolo como un mero PRIVILEGIO, que el niño debe ganar y conseguir a través de la consecución de una serie de objetivos a lo largo de todo el día, y que siempre se ve condicionado y supeditado al resto de obligaciones, según los adultos “importantes” del día, o mejor!!…de las tardes de nuestros hijos…debemos de plantearnos o replantearnos, otorgándole al juego libre, y al niño, el protagonismo, que indiscutiblemente se merecen, de que manera debemos fraccionar y organizar el tiempo de estas tardes, ya que es extremadamente limitado, manteniendo un adecuado equilibrio con el resto de actividades tanto de ocio y lúdicas como formativas, u otras que tienen que ver con obligaciones y responsabilidades de los niños, y de esta manera intentar NO saturar de actividades guiadas, físicas e intelectuales, las tardes. Debemos procurar evitar, en la medida de lo posible, negativas consecuencias en nuestros hijos, de distinta gravedad, como son el estrés, la angustia, la ansiedad, la depresión, los estados apáticos e incluso de rebeldía, la desmotivación y la falta de creatividad, que tan a menudo se hacen patentes en nuestras consultas, fruto de estas carencias de tiempo para el juego libre y creativo. Por último, y no podría acabar de otra manera esta reflexión, debemos saber como padres que tal y como contempla la ONU, dentro de la declaración de derechos del niños, “El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de éste derecho.”,


aroa carrasco

Aroa Carrasco, pedagoga en Hada



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